Te dejas atrapar por tu burdo engaño
te olvidas de ti mientras mientes a los demás
y la casa de naipes que intentas rellenar con hormigón
se desmorona tras tus pasos
¡ay de ti! que en todo lo que te propongas triunfas
¡ay de ti, triunfo! zanahoria que cuelga vil en nuestra mente
¡ay de ti, mente! que distraída de vivir te olvidas
¡ay de ti, olvido! que recurrente vuelves cuando nadie te llama
Y amanece, bucle que a veces se torna siniestro
y te levantas buscando el sol porque dudas
y la farsa vital que te empuja a creerte reacciona
no te puedes parar, porque muerto yace ante ti
el que padece, el sintiente
tú, que te falta el tiempo
tú, que medras por no perderlo
ves asqueado cómo destilan cada segundo de su vida
desperdiciado mientras precipita gota a gota
como sangre de ángel caído
que observa al mártir desde su púlpito
con el estómago revuelto, impertérrito.
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