Armario o cornisa. Siempre me han dado miedo las alturas, me mareaba al subirme a una escalera y mirar hacia abajo. Recuerdo agarrarme fuerte al brazo de mi hermano cuando asomaba por la ventanilla el precipicio. Mi padre conducía y el resto de la familia disfrutaba del viaje; yo cerraba con fuerza los ojos, esperando la caída. A veces, cuando voy conduciendo, me imagino que el coche sigue recto y cae al vacío, y retando a ese impulso, giro el volante y continuo. Ahora estoy de pie, en la cornisa... y es extraño, no siento nada, el miedo ha desaparecido y con él, mi realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario