Al principio todo era más sencillo. Se trataba de democratizar la
información, el acceso a ella por lo menos. Luego alguien pensó que
esto de la democratización sonaba bien pero no daba beneficios, no
se ganaba dinero. Y cambiaron democratización por monetización,
desarrollando un plan de marketing que les ayudara a vender.
Se pasó de buscar información en un océano de datos -en base a
ciertos criterios que debíamos ir afinando- a un motor de búsqueda
que seleccionaba para ti los mejores resultados en base a lo que
pagara cada uno de los interesados en querer ser encontrados.
Ya teníamos la tan deseada monetización, ya se podía ganar dinero,
y mucho, con esto de Internet.
Pero aún quedaban/quedan algunos pasos que dar. Porque al utilizar
el buscador, aparecían millones de resultados en menos de un
segundo. Aunque casi siempre nos ceñíamos a las primeras opciones
que tan sutilmente nos presentaba como óptimas nuestro buscador,
había veces que algún incauto se perdía pasando páginas y páginas
para encontrar lo que buscaba.
Esto puso en alerta a los genios marketinianos, a las grandes
corporaciones tecnológicas, que se pusieron manos a la obra para
desarrollar un nuevo producto que simplificara todo ese océano de
información y nos lo sirviera en bandeja de plata para un consumo
fácil, directo y sin cuestionamientos.
Así surgió la tan mal denominada Inteligencia Artificial.
Finalmente habían creado una forma de simplificar el océano y
convertirlo en una gota para saciar completamente nuestra necesidad
de información. Y de camino, anular nuestra capacidad crítica y de
razonamiento. Un solo resultado para cada búsqueda, una sola
opción. Y lo mejo de todo es que tenemos que ir perfeccionando
nuestra pregunta para que el resultado se acerque lo más posible a lo
que nosotros buscamos. O eso parece.
En realidad, todas las IA tienen versiones de pago que funcionan
considerablemente mejor que las básicas, y como diría un amigo
mío: - hombre, ¡qué quieres! ¿que encima te las regalen?
Más de lo mismo, monetización.
Pero volvamos al asunto de reducir los resultados, que tiene grandes
ventajas. Porque si el usuario medio no tiene muchas ganas de
contrastar su búsqueda -normalmente, no las tiene- la respuesta se
dará automáticamente por verdadera. No tendremos capacidad para
vislumbrar si las conjeturas de la IA de turno tienen visos de verdad
o son resultado interesado de la programación que ciertos
desarrolladores visionarios con ganas de amasar grandes fortunas
han introducido en ellas.
Cada vez la verdad será más difícil de identificar, se perderá en un
océano de grises donde las IA’s gobernarán bajo el dictado de unos
pocos y cualquier certeza, incluso que la Tierra es redonda, se
pondrá en cuestión. Tiempo al tiempo.
Bienvenidos a una nueva era de la información que viene de la mano
del consumo compulsivo de redes Asociales, que llegaron para
acercarnos y que se han revelado como uno de los mayores factores
de aislamiento del individuo -opinión completamente subjetiva y
contrastada únicamente con mi círculo íntimo-. Dicen que es la era
de los bulos y la desinformación, de una pérdida de confianza
generalizada, que va desde el ámbito tradicional -medios de
comunicación, valores morales y éticos- hasta el ámbito social y
educativo. Puede que tengan razón.
Sea como sea, creo que estamos siendo testigos de un cambio de
paradigma a nivel mundial, que empezó queriendo ser algo gratuito
a lo que todo el mundo pudiera acceder por igual,
independientemente de su raza, origen, etnia, clase o religión y
acabó siendo un producto más de la codicia de unos pocos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario