jueves, 20 de febrero de 2025

CODICIA

 

Al principio todo era más sencillo. Se trataba de democratizar la

información, el acceso a ella por lo menos. Luego alguien pensó que

esto de la democratización sonaba bien pero no daba beneficios, no

se ganaba dinero. Y cambiaron democratización por monetización, 

desarrollando un plan de marketing que les ayudara a vender.

Se pasó de buscar información en un océano de datos -en base a  

ciertos criterios que debíamos ir afinando- a un motor de búsqueda 

que seleccionaba para ti los mejores resultados en base a lo que 

pagara cada uno de los interesados en querer ser encontrados.

Ya teníamos la tan deseada monetización, ya se podía ganar dinero, 

mucho, con esto de Internet.

Pero aún quedaban/quedan algunos pasos que dar. Porque al utilizar 

el buscador, aparecían millones de resultados en menos de un 

segundo. Aunque casi siempre nos ceñíamos a las primeras opciones 

que tan sutilmente nos presentaba como óptimas nuestro buscador, 

había veces que algún incauto se perdía pasando páginas y páginas 

para encontrar lo que buscaba.

Esto puso en alerta a los genios marketinianos, a las grandes 

corporaciones tecnológicas, que se pusieron manos a la obra para 

desarrollar un nuevo producto que simplificara todo ese océano de 

información y nos lo sirviera en bandeja de plata para un consumo 

fácil, directo y sin cuestionamientos.

Así surgió la tan mal denominada Inteligencia Artificial.

Finalmente habían creado una forma de simplificar el océano y 

convertirlo en una gota para saciar completamente nuestra necesidad 

de información. Y de camino, anular nuestra capacidad crítica y de 

razonamiento. Un solo resultado para cada búsqueda, una sola 

opción. Y lo mejo de todo es que tenemos que ir perfeccionando 

nuestra pregunta para que el resultado se acerque lo más posible a lo 

que nosotros buscamos. O eso parece.

En realidad, todas las IA tienen versiones de pago que funcionan 

considerablemente mejor que las básicas, y como diría un amigo 

mío: - hombre, ¡qué quieres! ¿que encima te las regalen?

Más de lo mismo, monetización.

Pero volvamos al asunto de reducir los resultados, que tiene grandes 

ventajas. Porque si el usuario medio no tiene muchas ganas de 

contrastar su búsqueda -normalmente, no las tiene- la respuesta se 

dará automáticamente por verdadera. No tendremos capacidad para 

vislumbrar si las conjeturas de la IA de turno tienen visos de verdad 

o son resultado interesado de la programación que ciertos 

desarrolladores visionarios con ganas de amasar grandes fortunas 

han introducido en ellas.

Cada vez la verdad será más difícil de identificar, se perderá en un 

océano de grises donde las IA’s gobernarán bajo el dictado de unos 

pocos y cualquier certeza, incluso que la Tierra es redonda, se 

pondrá en cuestión. Tiempo al tiempo.

Bienvenidos a una nueva era de la información que viene de la mano 

del consumo compulsivo de redes Asociales, que llegaron para 

acercarnos y que se han revelado como uno de los mayores factores 

de aislamiento del individuo -opinión completamente subjetiva y 

contrastada únicamente con mi círculo íntimo-. Dicen que es la era 

de los bulos y la desinformación, de una pérdida de confianza 

generalizada, que va desde el ámbito tradicional -medios de 

comunicación, valores morales y éticos- hasta el ámbito social y 

educativo. Puede que tengan razón.

Sea como sea, creo que estamos siendo testigos de un cambio de 

paradigma a nivel mundial, que empezó queriendo ser algo gratuito 

lo que todo el mundo pudiera acceder por igual, 

independientemente de su raza, origen, etnia, clase o religión y 

acabó siendo un producto más de la codicia de unos pocos.

lunes, 10 de febrero de 2025

fake it till u make it

 

Te dejas atrapar por tu burdo engaño

te olvidas de ti mientras mientes a los demás

y la casa de naipes que intentas rellenar con hormigón

se desmorona tras tus pasos


¡ay de ti! que en todo lo que te propongas triunfas

¡ay de ti, triunfo! zanahoria que cuelga vil en nuestra mente

¡ay de ti, mente! que distraída de vivir te olvidas

¡ay de ti, olvido! que recurrente vuelves cuando nadie te llama


Y amanece, bucle que a veces se torna siniestro

y te levantas buscando el sol porque dudas

y la farsa vital que te empuja a creerte reacciona

no te puedes parar, porque muerto yace ante ti

el que padece, el sintiente

tú, que te falta el tiempo

tú, que medras por no perderlo

ves asqueado cómo destilan cada segundo de su vida

desperdiciado mientras precipita gota a gota

como sangre de ángel caído

que observa al mártir desde su púlpito

con el estómago revuelto, impertérrito.

una y otra vez

 

No dices nada… y tu silencio se clava tan hondo

como tu indiferencia al hablar

pretendo por todos los medios que me veas

que sepas que lo intento al menos

pero el espejo que tienes delante

solo refleja ese ademán vanidoso

que se oculta tras el velo de la cordialidad

tan frágil, que al mínimo roce se rompe

y mientras recojo los pedazos, te veo y te escucho

y el sentimiento vuelve y el dolor

pide paso por mi mejilla para caer

y sin darme cuenta

soy otra vez esa niña que sabe que no agrada

que nunca será suficiente, que necesita salir corriendo

porque la distancia es el único remedio

así que corro en mi mente desesperada

mientras, sentada, levanto exánime

la coraza quebradiza y la sonrisa

falsa, que, petrificada

desfigura mi alma,

soldado que lucha en batallas

que nunca ganará

en una guerra

que nunca acabará

Armario o cornisa

 

Armario o cornisa. Siempre me han dado miedo las alturas, me mareaba al subirme a una escalera y mirar hacia abajo. Recuerdo agarrarme fuerte al brazo de mi hermano cuando asomaba por la ventanilla el precipicio. Mi padre conducía y el resto de la familia disfrutaba del viaje; yo cerraba con fuerza los ojos, esperando la caída. A veces, cuando voy conduciendo, me imagino que el coche sigue recto y cae al vacío, y retando a ese impulso, giro el volante y continuo. Ahora estoy de pie, en la cornisa... y es extraño, no siento nada, el miedo ha desaparecido y con él, mi realidad.

viernes, 7 de febrero de 2025

Rabia

 

Y continúan perdiendo… las alas abatidas que cuelgan derrotadas del tablero de la incomprensión

Y dicen que no te enamores, nunca… de una persona que sienta, que piense, que sea capaz de ser mujer.

Y en esa lucha de perdedores donde los hilos grotescos drenan la voluntad de los que sin querer quieren y vacían el alma de los que quieren sin poder, siempre ganan los mismos. Otro muerto, otra violencia, otro terror nocturno de niño asustado por la oscuridad, cuyos sentidos son irradiados de realidad mientras su mente lucha por permanecer en la infancia.