Mayo de 2030,
En un banco
cualquiera, en un parque cualquiera, un domingo cualquiera.
ABUELO 1: AZUL
ABUELO 2: ROJO
¿Te
acuerdas cuando se podía votar?
Sí, bueno… me acuerdo de que cada
vez éramos menos los que íbamos.
Es verdad…
y cómo se iban complicando cada vez más las cosas ¿eh? La época de los pactos,
las negociaciones… ¡los acuerdos! Qué tiempos aquellos…
Menos mal que al final todo se
arregló.
¡Sí bueno!
Arreglarse tenía que arreglarse… demasiado aguantamos… y encima, en aquel
momento todo el mundo hablando de que si el cambio climático, la sequía y demás
cosas y nadie hacía nada con los problemas reales que había en ese momento, con
tanta inmigración, el problema de la ocupación de las casas…
¡Sí, sí! ¡Me acuerdo de eso! Mi
hermano me contó que un amigo de un conocido suyo se encontró en su casa a dos
ocupas de estos y estuvo meses sin poder entrar… ¡madre mía! ¡Imagínate!
Y encima
la economía por los suelos… anda que no se quejaron todas las empresas de falta
de trabajadores… “¡que no tenían gente!” decían… y claro, como por fin habían
logrado cortar el grifo de la inmigración -menos mal- pues no había
trabajadores para cubrir todas las vacantes, y tuvieron que cerrar un montón de
negocios.
Cierto, cierto… pero, por otro lado,
el problema de la vivienda se arregló un poquito…
Un
poquito dice… ¡si se arregló del todo! Como ya no había tanto inmigrante, la
gente de aquí tenía por fin más posibilidades de comprar y alquilar.
Pero la verdad es que los precios no
hicieron más que subir… menos mal que tú y yo éramos de los privilegiados que
teníamos pisos en propiedad… y acuérdate que se volvió un producto de lujo, y
no de primera necesidad… “que eso es el libre mercado”, dijeron… y así pasó lo
que pasó…
Y menos mal que pasó, porque si
te soy sincero, ¡aquí éramos muchos ya! Date cuenta de que, al subir los
precios de la vivienda, la gente sin dinero -esos que acababan pidiendo por las
calles y quejándose de que no tenían trabajo y con subvenciones y ayudas
públicas- ¡esos mismos, son los que tuvieron que irse de aquí!
¡Y vaya si se notó cuando se fueron!
Lo malo es que ahora casi no hay gente a la que alquilarle los pisos y hay un
montón que están vacíos, ¡algunos en estado ruinoso! Además, mis nietos están desesperados
porque en el colegio privado cada vez hay menos niños… ¡tienen una ratio por
clase de 5 alumnos! Me acuerdo yo cuando los profesores se quejaban de que
había muchos niños en sus aulas… y ahora se quejan de lo contrario… ¡si es que
la cuestión es no estar de acuerdo nunca! Y los padres, con estas jornadas laborales
que tienen ahora, no hacen más que trabajar y trabajar… ¡que más que escuelas,
son como hogares para niños! ¡se pasan allí la mayor parte del día!
Bueno,
bueno… que no se quejen tanto, que por lo menos no han tenido que aguantar el
adoctrinamiento que tuvimos nosotros ¡eh!
Eso es verdad, lo que tuvimos que
pasar…
Madre
mía, cómo ha cambiado el mundo ¿eh?
¿Quién nos lo iba a decir a
nosotros? Viviendo por fin en un país libre, lleno de viejos como nosotros, sin
tenernos que preocupar de nuestras fronteras… con nuestras restricciones y
nuestras cositas… pero bueno, en definitiva, mucho mejor de como estábamos
antes ¿no?
Dónde va
a parar.
Los dos ancianos se levantan y, tranquilamente, se dirigen a
su residencia, donde son los propios jubilados los que se encargan de cuidarse unos de otros… hoy en día, son la población más numerosa de todas, casi no hay
niños y cada vez hay menos jóvenes y adultos, casi todo el mundo trabaja, sí,
pero con jornadas maratonianas y sin posibilidad de cubrir las necesidades
básicas de la sociedad: educación, sanidad, ocio, cultura… Este es el cáncer al que se enfrenta el mal llamado “primer mundo”.
Mientras tanto, los países que antes estaban en vías de
desarrollo, los del mal llamado “tercer mundo”, van poco a poco avanzando en su
lucha por recuperarse, desgastados y desabastecidos por todos los años de
depredación, su principal ventaja ahora es el recurso humano... tienen gente, personas, que a su vez tienen niños… y con ellos, la posibilidad de sembrar esperanza, una tenue
luz que brille e ilumine un futuro donde, por desgracia, ahora campa a sus anchas la
oscuridad.
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